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Sheinbaum mueve el tablero

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Testigo fiel
Por: Jesús Torres
Sheinbaum mueve el tablero

El reciente reacomodo en la dirigencia de Morena, el partido gobernante, responde sin mayores sobresaltos a los tiempos electorales que ya marcan el rumbo hacia 2027. Negarlo sería ingenuo.

Lo que está en juego no es menor, se trata de 17 gubernaturas, la renovación de la Cámara de Diputados, congresos locales y más de dos mil presidencias municipales.

Es, en los hechos, una disputa por el control político del país en la segunda mitad del sexenio.

En ese contexto se entiende la llegada de Citlalli Hernández como encargada de la Comisión Nacional de Elecciones y la reciente salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia nacional de Morena.

Todo apunta a que el relevo recaerá en Ariadna Montiel, una operadora clave de los programas sociales del gobierno federal, lo que revela con claridad la apuesta por una estructura territorial eficiente y el control político-electoral.

Para la presidenta Claudia Sheinbaum, el objetivo es mantener la mayoría en San Lázaro junto a sus aliados del PT y el PVEM.

Y es que en apenas 18 meses de gobierno, el Congreso le ha aprobado el 84 por ciento de sus iniciativas, una cifra que supera a la de sus antecesores desde el año 2000.

En 2021, Andrés Manuel López Obrador perdió la mayoría calificada en la Cámara de Diputados a mitad de su sexenio. Si ese escenario se repite, muchas de las reformas que hoy se cocinan en Palacio Nacional podrían quedarse en el papel.

Por eso el movimiento en Morena no es solo un cambio de nombres, es un intento por aceitar una maquinaria electoral que deberá operar en los 300 distritos del país. Y no será sencillo, incluso con un padrón que presume cerca de 12 millones de afiliados.

Aunque en varios estados la marca guinda mantiene ventaja, las encuestas cuentan solo una parte de la historia.

La otra, quizá la más decisiva, comienza cuando aparecen los candidatos. Es ahí donde el electorado suele dar giros inesperados.

A estas alturas, el panorama rumbo a 2027 está lejos de definirse, nadie tiene la victoria asegurada.

La moneda está en el aire, y caerá del lado de quienes no solo tengan estructura, sino también los perfiles capaces de convencer a un electorado cada vez más volátil.