México ocupa el primer lugar entre 193 países en la dimensión de mercados criminales del Índice Global de Crimen Organizado 2025, con una calificación de 8.27 sobre 10, la más elevada de la medición internacional.
Aunque el indicador no se denomina formalmente economía informal del narco, permite dimensionar la amplitud de las economías ilícitas que operan en el país, entre ellas los mercados de cocaína, drogas sintéticas, heroína y cannabis, además de otras actividades del crimen organizado.
De acuerdo con la información del portal OCIndex.net, perteneciente al proyecto Global Organized Crime Index de la Global Initiative Against Transnational Organized Crime, México también alcanzó una puntuación general de criminalidad de 7.68 y se colocó en el tercer lugar mundial, únicamente detrás de Myanmar, con 8.08, y Colombia, con 7.82.
El país aparece además en segundo lugar entre 35 naciones del continente americano y en primero entre las ocho naciones clasificadas por el índice dentro de América Central.
El dato sobre mercados criminales debe distinguirse de una medición convencional de economía informal: el índice no calcula el valor monetario de las actividades del narcotráfico ni su porcentaje respecto del producto interno bruto (PIB); su metodología evalúa la extensión, escala e impacto de distintos mercados ilícitos y la presencia e influencia de los actores que participan en ellos, mediante información cuantitativa y cualitativa y evaluaciones de especialistas.
La edición 2025 abarca los 193 Estados miembros de Naciones Unidas y refleja principalmente las dinámicas observadas durante 2024.
Dentro de ese conjunto de economías ilegales, el narcotráfico tiene un peso relevante para México.
El comercio de cocaína recibió una puntuación de 9.00 sobre 10, la misma calificación que el mercado de drogas sintéticas; el comercio de cannabis alcanzó 8.00 y el de heroína 7.50. A ellos se suman otros mercados con niveles elevados, como tráfico de personas, extorsión y cobros ilegales por protección y tráfico de armas, todos con nueve puntos.
El perfil elaborado para México señala que la cocaína continúa representando un negocio de alta importancia para las organizaciones criminales mexicanas y que el país funciona principalmente como territorio de tránsito para cargamentos procedentes de Colombia y Ecuador con destino a Estados Unidos.
El documento identifica al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación como organizaciones con participación relevante en las principales redes de distribución y añade que se han detectado cultivos de coca en Guerrero y Michoacán, aunque México continúa siendo considerado un productor menor de esa sustancia.
Las drogas sintéticas constituyen otro de los mercados que explican la alta calificación mexicana.
Según el Índice Global de Crimen Organizado, la producción de metanfetamina y fentanilo permanece ampliamente extendida y México figura entre los principales proveedores de fentanilo hacia Estados Unidos.
El reporte describe la existencia de laboratorios clandestinos capaces de producir grandes cantidades y señala que organizaciones criminales obtienen precursores químicos procedentes de China e India.
El documento añade que la rentabilidad alcanzada por las drogas sintéticas supera a la de narcóticos tradicionales y que, pese al incremento de las incautaciones, la producción sigue siendo elevada.
Una parte de los laboratorios de fentanilo y metanfetamina se localiza, según el estudio, en áreas rurales y remotas, condición que dificulta su detección y desmantelamiento por las autoridades. El crecimiento de este mercado coincide con una transformación internacional en la que la cocaína y las drogas sintéticas han ganado presencia dentro de la economía mundial de las drogas.
En contraste, el mercado mexicano de heroína muestra una reducción frente a ediciones anteriores del indicador y obtuvo 7.50 puntos.
El perfil sostiene que México continúa siendo uno de los principales proveedores de heroína hacia Estados Unidos, pero el cultivo de amapola ha disminuido ante el crecimiento de opioides sintéticos como el fentanilo. Pese a ello, las redes dedicadas a esta droga continúan operando y han recurrido a rutas y métodos alternativos de transporte frente al fortalecimiento de los controles fronterizos.
Algo similar ocurre con el cannabis, que conserva una calificación alta, de 8.00 puntos, aunque ha perdido rentabilidad para las organizaciones mexicanas. El índice vincula ese cambio, entre otros factores, con la modificación de los marcos legales en Estados Unidos y con el desplazamiento de parte de la demanda criminal hacia drogas sintéticas. Las organizaciones delictivas continúan participando en el cultivo y distribución, principalmente en zonas rurales, y el cannabis mantiene presencia dentro del mercado interno.
La dimensión económica del crimen organizado mexicano va, además, mucho más allá del tráfico de estupefacientes.
El Índice asigna 8.50 puntos al comercio de productos falsificados y la misma calificación a los delitos financieros; los delitos contra recursos no renovables y los dependientes de la cibernética llegan a 8.00. El documento también describe participación de organizaciones criminales en robo de combustible, minería ilegal, tala clandestina y tráfico de especies, actividades que amplían las fuentes de ingresos y conectan mercados lícitos e ilícitos.
En cuanto a quienes operan estas actividades, México obtiene una puntuación de 7.10 en el apartado general de actores criminales. Los grupos de tipo mafioso reciben nueve puntos y las redes criminales 8.50, mientras que los actores integrados en el Estado son calificados con 7.50, los vinculados al sector privado con 6.50 y los actores extranjeros con 4.00. Estas calificaciones forman parte del método utilizado por el índice para estimar no sólo la existencia de mercados ilegales, sino la capacidad de los distintos participantes para controlar, influir y sostener esas actividades.
Frente a ese nivel de criminalidad, el índice asigna a México una puntuación de resiliencia de 4.50 sobre 10 y lo coloca en el sitio 111 de 193 países. En este componente, una puntuación mayor representa una mayor capacidad institucional, política, jurídica, económica y social para responder al crimen organizado. México obtiene, entre otros valores, siete puntos en cooperación internacional, cinco en cuerpos de seguridad, 4.50 en lucha contra el lavado de dinero, cuatro en sistema judicial y detención y tres en integridad territorial.
Así, el primer lugar mundial de México corresponde específicamente a la amplitud e impacto de sus mercados criminales, no a una estimación directa del dinero generado por el narcotráfico.
Sin embargo, las calificaciones de nueve puntos en cocaína y drogas sintéticas, ocho en cannabis y 7.50 en heroína muestran el peso que las economías relacionadas con las drogas tienen dentro del resultado nacional, al mismo tiempo que la medición refleja una diversificación del crimen organizado hacia extorsión, tráfico de armas, falsificación, delitos financieros, recursos naturales y otras fuentes de ingresos ilícitos. (Mas).







