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El dilema en Morena

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Testigo fiel
Por: Jesús Torres
El dilema en Morena

Convertido ya en una fuerza dominante, como el PRI en sus mejores tiempos, Morena enfrenta una de las pruebas más delicadas de su corta historia, llegar sólido, sin fisuras visibles y con credibilidad intacta a la compleja aduana electoral de 2027.

La tarea de pronto no será sencilla para la nueva dirigencia encabezada ahora por Ariadna Montiel.

Su arribo ocurre en un momento por demás incómodo, marcado por señalamientos provenientes de Estados Unidos que colocan bajo sospecha a figuras relevantes del morenismo, entre ellos el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, junto con otros nombres presuntamente vinculados al narcotráfico.

No se trata de un episodio menor ni aislado, sino de un factor de presión del exterior que irrumpe justo cuando Morena intenta cerrar filas y proyectar unidad, como ocurrió ayer durante su Congreso Nacional en el World Trade Center de la Ciudad de México.

El impacto de acusaciones que cruzan fronteras son demoledoras para el movimiento fundado por López Obrador, y en términos político-electoral, tienen un alto poder de daño colateral en víspera las elecciones de 2027.

El dilema para Morena es si defenderá a sus cuadros señalados o se deslindará de ellos, cerrar filas o permitir que enfrenten procesos, incluso en instancias extranjeras.

Cualquier decisión le implicaría costos, protegerlos podría erosionar aún más la credibilidad del partido y soltarlos exhibiría fracturas internas y debilidad política.

Y lo que es peor, todo ocurre con un calendario electoral que no da tregua.

En 2027 estarán en juego 17 gubernaturas, congresos locales, alcaldías y, de manera crucial, la renovación de la Cámara de Diputados federal.

No es una elección más, es la consolidación o el desgaste del proyecto político de la llamada Cuarta Transformación.

La oposición, debilitada pero no inexistente, tiene en estos casos un flanco listo para explotar políticamente en el corto plazo.

Los señalamientos de vínculos con el crimen organizado serán munición constante en campañas, debates y la narrativa diaria. Morena lo sabe y sabe también que la percepción puede ser tan determinante como la realidad en el mapa electoral.

El escenario podría complicarse aún más si desde Washington se revelan nuevas investigaciones o listas que involucren a otros actores de la 4T.

La dimensión del problema dejaría entonces de ser un tema electoral para convertirse en un asunto de política exterior.

¿Hasta dónde estaría dispuesto el gobierno de Claudia Sheinbaum a ceder ante los requerimientos de la Casa Blanca? ¿Qué pesaría más, la soberanía política o la estabilidad en la relación bilateral?

Porque en la relación de México con EU no todo se limita al combate al crimen organizado, también atraviesan intereses económicos estratégicos, como la revisión y continuidad de acuerdos comerciales entre ambos países.

En ese sentido, la seguridad y la política interna se convierten, como se ha visto en otros casos, en piezas de negociación. El toma y da.

Morena, en resumidas cuentas, no sólo enfrentará una elección, la del próximo año, sino también una prueba de coherencia. Su discurso contra la corrupción y la impunidad será medido, esta vez, no por sus adversarios, sino por sus propias decisiones.