El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio por terminado el acuerdo de alto el fuego alcanzado con Irán el pasado 17 de junio, tras una nueva escalada de enfrentamientos militares entre ambos países.
El mandatario afirmó que ya no tiene interés en mantener relaciones con las autoridades iraníes, aunque dejó abierta la posibilidad de que continúen los contactos diplomáticos a través de su equipo negociador.
De acuerdo con información publicada por El País, las declaraciones de Trump ocurrieron durante el inicio de la cumbre de la OTAN en Ankara, luego de dos días de ataques cruzados entre Washington y Teherán.
El conflicto se intensificó tras el ataque iraní contra dos buques que transitaban por el estrecho de Ormuz y la posterior ofensiva estadounidense contra más de 80 objetivos en territorio iraní.
Durante un intercambio con periodistas, Trump aseguró que, desde su perspectiva, el memorando de entendimiento firmado con Irán «se ha terminado».
Además, calificó a los dirigentes iraníes con términos despectivos y sostuvo que no considera útil continuar negociando con ellos, al acusarlos de incumplir sus compromisos y representar una amenaza por sus aspiraciones nucleares.
No obstante, el presidente estadounidense señaló que sus negociadores podrían mantener conversaciones con la contraparte iraní, aunque expresó dudas sobre la posibilidad de alcanzar resultados positivos.
Trump reiteró que la prioridad de su administración es impedir que Irán desarrolle armamento nuclear.
Las declaraciones tuvieron un impacto inmediato en los mercados internacionales. Los principales indicadores bursátiles registraron pérdidas y el precio internacional del petróleo aumentó alrededor de seis por ciento, reflejando la preocupación de los inversionistas por una posible interrupción del suministro energético en el Golfo Pérsico.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, respaldó la respuesta militar de Estados Unidos al considerar que Irán incumplió el alto el fuego.
Asimismo, sostuvo que es necesario reducir las capacidades nucleares y de misiles balísticos de la República Islámica para fortalecer la seguridad de Israel, Europa y otras regiones, aunque manifestó su expectativa de que la crisis pueda resolverse mediante una salida pacífica.
La tensión aumentó luego de que Washington revocara el permiso temporal que permitía a Irán exportar petróleo durante el periodo de negociación previsto en el memorando firmado el 17 de junio.
Ese acuerdo contemplaba un plazo de 60 días para avanzar hacia un arreglo definitivo que incluyera el levantamiento gradual de sanciones económicas, la liberación de fondos iraníes retenidos en el extranjero y la creación de un fondo de reconstrucción por al menos 300 mil millones de dólares.
En respuesta a los bombardeos estadounidenses, la Guardia Revolucionaria iraní lanzó ataques con misiles y drones contra instalaciones militares de Estados Unidos ubicadas en Baréin y Kuwait.
Además, afirmó haber derribado un dron estadounidense MQ-9 durante la operación. Paralelamente, las autoridades de Kuwait informaron que sus sistemas de defensa respondieron a ataques considerados hostiles.
El Mando Central de Estados Unidos indicó que su ofensiva alcanzó más de 60 embarcaciones pertenecientes a la Guardia Revolucionaria Islámica, con el objetivo de imponer costos militares a Irán por los ataques contra buques comerciales en el estrecho de Ormuz, una zona estratégica para el comercio mundial de petróleo.
Por su parte, autoridades iraníes acusaron a Estados Unidos de romper el alto el fuego mediante una agresión directa y advirtieron que responderán a cualquier nueva acción militar.
El presidente del Parlamento iraní, Mohamed Bagher Ghalibaf, también denunció la reactivación de restricciones petroleras y aseguró que Teherán no aceptará presiones externas ni renunciará al control estratégico del estrecho de Ormuz.
El estrecho de Ormuz mantiene una relevancia geopolítica al concentrar una parte significativa del transporte marítimo de petróleo a nivel mundial.
La creciente confrontación entre Washington y Teherán incrementa la incertidumbre sobre la estabilidad regional y mantiene bajo vigilancia a los mercados internacionales, ante el riesgo de una ampliación del conflicto. (Mas).







