Testigo fiel
Por: Jesús Torres
El PRI y su estrategia de supervivencia
El anuncio de los llamados “Defensores de México” por parte de Alejandro Moreno Cárdenas dirigente del PRI no es, en el fondo, una innovación política, sino una jugada semejante a la Morena practicada en procesos de pasado reciente.
Que sea Rosario Robles quien coordine estos esfuerzos en las 17 entidades donde habrá elecciones en 2027 añade un ingrediente de alto simbolismo por lo que representa pero también de polémica a una operación que parece más electoral que ciudadana.
Bajo el discurso de “defensa de México”, el Partido Revolucionario Institucional intenta construir una estructura territorial que, en los hechos, funcionará como plataforma anticipada de promoción política.
Sólo basta dar una revisada a los nombres de los personajes que van como cabeza en cada una de las entidades donde habrán elecciones.
No se trata únicamente de cuidar el voto o fortalecer la participación cívica, sino de posicionar perfiles, activar bases y recuperar presencia en estados donde el priismo ha perdido terreno frente a su principal adversario de Morena.
El modelo no es nada novedoso, de hecho recuerda inevitablemente a las estrategias que el propio partido guinda desplegó en procesos electorales recientes, cuando bajo figuras de “defensores de la transformación” o estructuras territoriales paralelas, logró movilizar simpatizantes y consolidar candidaturas mucho antes de los tiempos formales de campaña.
Aquella fórmula, criticada en su momento por la oposición, hoy parece haber sido adoptada, sin demasiados matices, por quienes antes la señalaban.
Aunque si algo queda claro con este movimiento es que el PRI ha dejado de competir desde la diferenciación ideológica y ahora apuesta por replicar los mecanismos de su adversario y en política copiar al rival también suele ser símbolo de debilidad.
La designación de Rosario Robles no es un caso menor, su figura carga con un pasado que genera opiniones encontradas, pero también con experiencia operativa y conocimiento del aparato gubernamental y territorial.
Su papel será clave para articular estos “defensores”, que más allá del nombre, parecen diseñados para operar como promotores del voto, enlaces políticos y, eventualmente, operadores de campaña encubiertos.
En los hechos, los “Defensores de México” podrían convertirse en una red paralela de precampaña en los estados donde estarán en juego gubernaturas y otros cargos de elección popular.
Un esquema que podría rayar en los límites de la legalidad electoral, al anticipar dinámicas propias de campaña bajo un discurso de organización ciudadana.
El trasfondo es claro, el PRI busca reconstruirse territorialmente en un escenario adverso, donde Morena ha logrado consolidar estructuras sólidas y capitalizar el respaldo presidencial.
Sin embargo, al hacerlo mediante esquemas que replican las mismas prácticas que antes criticaba, el tricolor corre el riesgo de atentar contra su propia identidad política.
Después de todo, más allá de los nombres y los discursos, lo que está en juego es la credibilidad. Y en esa arena, los electores suelen ser menos ingenuos de lo que algunos estrategas suponen.
Los “Defensores de México” no son, pues, una simple iniciativa de participación ciudadana. Son, en esencia, el reconocimiento implícito de que la batalla electoral de 2027 ya comenzó y que se jugará, una vez más, en el terreno de la movilización anticipada y las estructuras paralelas como lo ha hecho Morena.






