Testigo fiel
Por: Jesús Torres
Plan B, la reforma mutilada
La fallida reforma electoral en San Lázaro marcó no solo el primer gran tropiezo legislativo de Claudia Sheinbaum sino que ahora la presidenta se vio obligada a replantear una estrategia con una versión más acotada.
La pregunta obligada es si estamos ahora ante una reforma viable o ante otro intento condenado al mismo destino.
El proyecto original, rebotado en San Lázaro, buscaba transformar el sistema electoral a través de la reducción de financiamiento a partidos, cambios en los plurinominales y reconfiguración institucional.
Sin embargo, esa propuesta naufragó por falta de consensos con los aliados del PT y el PVEM, incluso dentro de la bancada morenista.
El llamado Plan B representa, en contraste, otro tipo de giro. Ya no se trata de modificar la Constitución, sino de ajustar leyes secundarias, lo que le permitiría al oficialismo su aprobación con una mayoría simple en el Senado.
El Plan B, como ayer se expuso en la mañanera, contempla la reducción del gasto electoral (congresos locales, cabildos, salarios), recorte de estructuras políticas locales para generar ahorros públicos y mayor fiscalización del financiamiento político.
Además y no menos controversial, por sus implicaciones electorales, la pretensión de la inquilina de Palacio Nacional de adelantar la revocación de mandato a fin de aparecer en las boletas en las intermedias de 2027.
Así también la simplificación de procesos electorales y cómputos más ágiles.
A diferencia de la derrota en la Cámara de Diputados, el nuevo escenario para Morena muestra una recomposición al lograr alinear, al menos parcialmente esta vez, al PT y PVEM en torno a esta versión reducida.
El acuerdo no es total, pero sí suficiente para impulsar el proyecto, de hecho, el consenso se ha limitado a puntos específicos, principalmente en materia de austeridad.
Lo anterior revela que los aliados no estaban en contra de reformar, sino de ser afectados por una iniciativa que redujera su representación o financiamiento. Así se vio.
Del otro lado de la cancha el PRI, PAN y Movimiento Ciudadano han cerrado filas en contra de la nueva propuesta sheinbaumista.
Incluso el bloque opositor cree que el Plan B mantiene la lógica de concentración de poder, aunque en una versión menos agresiva.
En resumidas cuentas el Plan B no es la reforma de origen que Morena pretendía, y no redefine tampoco el juego político en el futuro inmediato pues apenas ajusta sus reglas.






