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PRI de Alito, renovarse o morir

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Testigo fiel
Por: Jesús Torres
PRI de Alito, renovarse o morir

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), fundado en 1929 y durante décadas la fuerza dominante de la política mexicana, llega a sus 97 años enfrentando quizá la fase más difícil de su historia moderna.

Del monopolio del poder, después de gobernar México de forma ininterrumpida de 1929 a 2000 y posteriormente de 2012 a 2018, el vetusto tricolor ha pasado a ser un actor minoritario sin la misma capacidad de influencia electoral que antaño.

La derrota presidencial de 2018 cuando el PRI perdió la Presidencia frente a Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena, marcó el inicio de un declive sostenido.

Desde entonces, el PRI ha visto cómo su presencia en espacios de poder se ha reducido dramáticamente.

En 2023 perdió el Estado de México, uno de sus bastiones históricos. Un año después, en el 2024 pierde la elección presidencial al apostar por la candidatura de Xóchitl Gálvez en alianza con el PAN.

Aunque el PRI mantiene escaños en el Senado, su peso relativo es menor; por ejemplo en la elección de 2024 obtuvo 16 senadores, un incremento marginal desde 2018 pero aún lejos de sus años de plenitud.

Además, figuras destacadas han renunciado o se han pasado a otros partidos, caso notable el de Alejandra del Moral, ex priista y ex candidata al gobierno del Estado de México que se integró al gobierno de Morena, simbolizando una fuga de cuadros que antes consolidaban la presencia institucional del partido.

Las coaliciones electorales que desde 2018 había conformado el tricolor con el PAN se han resquebrajado a grado tal que el blanquiazul decidió suspender acuerdos con su aliado el Revolucionario Institucional, reforzando la percepción de un partido aislado.

Bajo la dirigencia de Alejandro “Alito” Moreno, el partido ha optado por confrontaciones más abiertas con sus antiguos aliados y con la mayoría gobernante de Morena, en lugar de construir frentes amplios. Esta postura ha generado críticas incluso dentro de la oposición, al argumentarse que la fragmentación del bloque opositor fortalece indirectamente a Morena.

De aprobarse la Reforma Electoral impulsada por la presidenta, Claudia Sheinbaum, el PRI se vería todavía más disminuido por la reducción del financiamiento a los partidos políticos, la eliminación de escaños plurinominales en el Senado y las modificaciones para elegir a diputados plurinominales en San Lázaro.

Hacia el 2027 y 2030 la viabilidad política real del otrora poderoso partido está en entredicho.

Con menos gobernadores, menor acceso a estructuras territoriales, una base electoral menguante y el impacto potencial de la reforma electoral, no son pocos los que observan que el PRI corre el riesgo de convertirse en una fuerza marginal si no se reinventa de manera profunda.

Los próximos años serán cruciales para determinar si la leyenda del partido que gobernó México durante siete décadas puede persistir o si su centenario será más bien un epitafio de un dominio que quedará en la memoria histórica.