Testigo fiel
Por: Jesús Torres
Reforma electoral, sin consenso
Tres retrasos en menos de un mes no son meros “ajustes técnicos”, son señales de que la Reforma Electoral no logra conciliar ni siquiera a la coalición que hoy presume una mayoría en el Congreso..
Desde el púlpito de las mañaneras la presidenta, Claudia Sheinbaum insiste que la está revisando “personalmente”, que la afina y la corrige, pero la vuelve a posponer.
Primero se dijo que la propuesta se enviaría en el arranque del periodo ordinario en febrero, luego el 24, después el 25, más tarde el 2 de marzo. Y nada.
Lo cierto es que tras cada aplazamiento resulta más que evidente que tanto el PT como el PVEM no están del todo dispuestos a sacrificar las reglas que les han garantizado sobrevivencia y negociación.
La representación proporcional ha sido la vía que permite a partidos medianos y pequeños garantizar presencia legislativa sin depender exclusivamente de triunfos distritales. Modificar ese mecanismo es poner en riesgo la supervivencia.
Aún y con todo eso la presidenta Sheinbaum ha fijado dos puntos no negociables que tienen que ver conque los plurinominales sean electos en las urnas, no mediante listas de las cúpulas partidistas y reducir financiamiento público a partidos y al árbitro electoral.
El punto es que Morena necesita a sus aliados para cambiar las reglas, pero literalmente para el PT y el PVEM sería tanto como darse de tiros en los pies.
Otro blanco inevitable de la reforma es el Instituto Nacional Electoral (INE) organismo que tendría ajustes en su presupuesto.
Aunque, ¿con qué margen operará el árbitro en elecciones cada vez más complejas y polarizadas?
En el caso del PREP pareciera que no prosperará su eliminación dentro de la reforma electoral. Ayer en la mañanera la presidenta Sheinbaum dijo que “no es tan relevante”.
El gobierno insiste en que se trata de perfeccionar la democracia y reducir costos, pero quien controla las reglas electorales controla el terreno de competencia futura.
Eliminar la representación proporcional en el Senado, modificar la elección de plurinominales y recortar recursos al sistema no son ajustes cosméticos, son decisiones que pueden concentrar poder en las fuerzas mayoritarias y estrechar márgenes para minorías.
Si la reforma se aprueba sin cambios sustantivos, marcará un antes y un después en la correlación de fuerzas rumbo a 2027 y 2030. Si se diluye, exhibirá los límites reales del liderazgo presidencial.
La gran paradoja es si estamos ante una reforma para fortalecer la democracia o para rediseñarla a la medida del poder vigente.






