.- El sargazo se ha consolidado como un problema persistente en las playas del Caribe mexicano, donde este 2026 la temporada se adelantó y se prevé más intensa que en años anteriores, con afectaciones tanto al turismo como a los ecosistemas costeros.
Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que la cantidad de alga que arribará este año podría ser “muchísimo mayor” a la de temporadas previas, luego de que desde enero y febrero se registraron los primeros recales, algo inusual frente al comportamiento histórico del fenómeno.
El doctor Christian Appendini Albrechtsen, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, explicó que el tamaño de la mancha detectada mediante imágenes satelitales a inicios de año anticipa una temporada con niveles récord, cercanos o incluso superiores a los registrados en 2018, cuando se contabilizaron más de 522 mil toneladas de sargazo en costas mexicanas.
Las zonas más afectadas incluyen Cancún, Playa del Carmen, Tulum y la Riviera Maya, además de otros puntos como Puerto Morelos, Mahahual y Bacalar. De acuerdo con reportes recientes, varias playas presentan niveles elevados de sargazo al inicio de la temporada vacacional, lo que confirma que este fenómeno se ha convertido en un “huésped incómodo” permanente para el Caribe mexicano.
Autoridades y sector turístico enfrentan dificultades para contener el problema. Entre las estrategias se encuentra la instalación de barreras flotantes en el mar para evitar que el alga llegue a la costa, así como su recolección en aguas abiertas; sin embargo, expertos advierten que estas medidas requieren mantenimiento constante y sistemas de pronóstico más precisos.
Aunque en mar abierto el sargazo funciona como un “bosque flotante” que sirve de refugio para diversas especies, su acumulación en playas representa un riesgo ambiental.
Al descomponerse, el alga libera ácido sulfhídrico, un gas que puede ser dañino al inhalarse en altas concentraciones, además de contener metales pesados como arsénico y cadmio.
El fenómeno también impacta los ecosistemas marinos al bloquear la luz solar que necesitan corales y pastos marinos, así como al reducir los niveles de oxígeno en el agua, lo que genera un deterioro progresivo en zonas clave para la biodiversidad y la protección natural de las costas. (Mas).






