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La caída de ‘El Mencho’

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Testigo fiel
Por: Jesús Torres
La caída de ‘El Mencho’

Si bien la caída del líder del CJNG, Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho representa uno de los golpes más significativos en la historia reciente del crimen organizado en México, comparable en magnitud a la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, no por eso habría que echar las campanas al vuelo en materia de seguridad.

Se ha demostrado y esta no sería la excepción que la eliminación de un capo no siempre se traduce de inmediato en una reducción de la violencia generalizada en el país.

De entrada, tras su abatimiento se registraron narcobloqueos, quema de vehículos y enfrentamientos en múltiples estados como Jalisco, Guanajuato y Michoacán, lo que evidencia una reacción inmediata, violenta y extendida del CJNG y no se duda que se repitan más hechos de esta naturaleza en zonas con mayor influencia territorial.

Pero además, sin un liderazgo claro, estos grupos pueden fragmentarse y volverse más impredecibles, reconfigurarse lo que podría resultar en más enfrentamientos internos o nuevas alianzas entre cárteles rivales.

No puede pasar desapercibido que durante más de una década, el líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación construyó una maquinaria criminal que combinó expansión territorial, poder de fuego y control financiero.

Su organización desafió abiertamente al Estado Mexicano, derribó helicópteros militares, impuso bloqueos en ciudades enteras y convirtió regiones estratégicas en zonas de guerra irregular. Su figura se volvió símbolo de impunidad.

Pero también su muerte más allá de representar un golpe al narcotráfico también deja en claro que nadie es invencible en esta actividad criminal. Es decir, tarde que temprano caerán.

Para el gobierno de Donald Trump, la caída de El Mencho encaja perfectamente en una narrativa que lleva años construyendo el republicano sobre los cárteles a quienes ha clasificado como amenaza terrorista y no solo como organizaciones criminales.

La implicación política es que desde Washington, la operación contra el líder del CJNG puede presentarse como prueba de que la línea dura sí funciona.

Que las presiones de la Casa Blanca, las sanciones y la cooperación forzada dan resultados. Luego entonces para Trump, políticamente representa una bocanada de oxígeno.

Sobre todo porque la intervención estadounidense en labores de seguimiento financiero, intercepción de comunicaciones y rastreo satelital fue determinante para poder cazar a El Mencho.

De su lado el gobierno de Claudia Sheinbaum dará a conocer que las acciones para abatir al máximo exponente del CJNG son una prueba de la capacidad operativa de las fuerzas federales. Y lo es, pues no cualquiera logra desarticular al líder del grupo criminal más agresivo del país.

El reto ahora es contener la reacción violenta, evitar la recomposición criminal y fortalecer la presencia institucional en los territorios disputados por el cuatro letras.

De lo contrario, la violencia podría escalar y otros liderazgos emerger sin control, por lo que la caída del Mencho sólo sería apenas un capítulo más en la larga crónica de sustituciones dentro del crimen organizado.

Al final del día, si o sí, la caída del capo más buscado del país redefinirá el mapa criminal pero sobre todo la relación México–EU en materia de seguridad.