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Juegos sindicales mientras faltan medicinas: el contraste que exhibe al líder del STPRM, Ricardo Aldana

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Mientras la dirigencia del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), encabezada por Ricardo Aldana Prieto, organiza con despliegue mediático los llamados “Juegos Deportivos de la Unidad”, en los hospitales de Petróleos Mexicanos la realidad que viven miles de trabajadores y jubilados es diametralmente opuesta: falta de medicamentos, retrasos en estudios especializados y denuncias constantes por negligencia médica.

Los eventos deportivos —realizados en al menos cuatro regiones petroleras del país— han sido promovidos como un símbolo de “unidad sindical”. Sin embargo, entre la base trabajadora crece la percepción de que se trata más bien de un distractor frente a la crisis sanitaria que atraviesa la red hospitalaria de la empresa productiva del Estado.

A más de tres años de que surgieran las primeras alertas en el Hospital Regional de Villahermosa, las quejas no solo persisten, sino que se han multiplicado. Trabajadores denuncian que en clínicas y hospitales de Pemex faltan insumos básicos, desde analgésicos comunes como paracetamol hasta medicamentos especializados y servicios de alta complejidad.

En contraste, los “Juegos Deportivos de la Unidad” implican una logística considerable: traslados, organización de sedes, ceremonias y actividades masivas financiadas, según denuncian empleados, en gran parte con recursos vinculados a la propia empresa petrolera.

Para muchos trabajadores, el mensaje es contradictorio. Mientras se promueven espectáculos deportivos y actos de convivencia sindical, el sistema de salud que atiende a petroleros activos y jubilados se encuentra, según testimonios de la base, al borde del colapso.

Las críticas también apuntan a presuntas presiones para que personal sindicalizado acuda a estos eventos incluso en horario laboral, lo que alimenta la percepción de que el objetivo central es generar imagen política y cohesión interna, más que atender las urgencias reales de la plantilla.

En Tabasco, la Sección 44 del sindicato fue una de las primeras en advertir públicamente sobre el deterioro hospitalario. Sus reportes incluyeron denuncias sobre fallecimientos presuntamente vinculados a la falta de medicamentos y a la saturación de los servicios médicos. A pesar de ello, aseguran trabajadores, la respuesta tanto de la administración de Pemex como de la dirigencia sindical ha sido prácticamente inexistente.

El silencio ha alimentado otra sospecha dentro de la base petrolera: que la dirigencia sindical ha optado por una relación de complacencia con la empresa. En los pasillos del sindicato se habla de posibles conflictos de interés que explicarían la ausencia de presión real para mejorar las condiciones médicas de los trabajadores.

A ello se suma el ruido político que rodea al propio Aldana Prieto, quien ha sido señalado públicamente por presuntos vínculos de familiares con empresas relacionadas con el mercado ilegal de combustibles, el llamado “huachicol”. Aunque estas acusaciones no han derivado en procesos judiciales concluyentes, sí han erosionado la credibilidad del liderazgo sindical ante parte de la base trabajadora.

Así, mientras en las canchas se habla de unidad y convivencia, en los hospitales petroleros la preocupación sigue siendo mucho más básica: conseguir medicamentos, obtener una cita o recibir atención médica oportuna.

Para muchos petroleros, la pregunta ya no es deportiva ni sindical. Es una cuestión de prioridades: si los recursos y la energía institucional deberían destinarse a organizar competencias… o a rescatar el sistema de salud que sostiene a quienes mantienen en pie a la industria petrolera del país.