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El mensaje de Trump

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Testigo fiel
Por: Jesús Torres
El mensaje de Trump

La captura de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, marca un parteaguas geopolítico en América Latina y tendrá repercusiones directas para México, no solo en el plano diplomático, sino también en materia de seguridad, política exterior y su relación con Estados Unidos.

El mensaje es contundente, ningún liderazgo político está por encima de la justicia internacional.

Y no es para menos, pues se trata de la primera detención de un jefe de Estado en funciones en la región acusado de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, narcoterrorismo y corrupción transnacional.

En el caso de México, implica una presión inmediata sobre su política exterior, históricamente basada en la no intervención y el principio de autodeterminación de los pueblos.

En tiempos de la llamada Cuarta Transformación, los gobiernos de AMLO y ahora con Claudia Sheinbaum han optado por una postura ambigua frente al régimen venezolano, evitando condenas directas y apostando por el diálogo.

Con la caída de Maduro, México está obligado a definir con claridad su postura, es decir, respaldar la legalidad internacional o insistir en una neutralidad cada vez más difícil de sostener.

Cualquier ambigüedad sería interpretada como un alineamiento tácito con regímenes autoritarios, lo que tendría costos diplomáticos con el vecino país del norte.

En ese sentido, cobra relevancia la afirmación de Donald Trump, que ha advertido que “algo hay que hacer con México” ante lo que ha considerado una amenaza directa para EU los cárteles de las drogas a los que ha acusado de tener una presencia dominante en amplias zonas del territorio mexicano.

El punto es que, la captura de Maduro refuerza la narrativa del huésped de la Casa Blanca en el sentido de que si EU puede actuar contra un régimen acusado de vínculos con el narcotráfico también podría justificar acciones más agresivas contra redes criminales con presencia en México.

Así las cosas, el gobierno de Claudia Sheinbaum tendría por un lado que salir en defensa de la soberanía pero también por el otro, hacer frente a una creciente presión de EU para asumir con mayor contundencia su papel como jefa de Estado ante el problema que representa el narcotráfico no sólo en el país sino como tema de seguridad regional.

Todo hace suponer que en Washington la paciencia se agota y el margen de maniobra para México se reduce máxime si existe la percepción de que los cárteles controlan territorios, rutas y economías locales.

La advertencia de Trump es clara, esto es, el tema del narcotráfico ya no solo es un problema para México sino un asunto que EU considera estratégico en su agenda.

La pregunta no es si México será presionado sino que tan preparado está su gobierno para responder con autoridad, resultados y una política exterior coherente con lo que se dice y se hace.