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El desacato de Alfonso Baca

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Testigo fiel
Por: Jesús Torres
El desacato de Alfonso Baca

Se dice que en política las formas importan, pero en seguridad pública, importan todavía más y es lo que está ocurriendo en el municipio de Paraíso.

Y es que el alcalde Alfonso Baca Sevilla decidió no dar de baja a su secretario de Seguridad, Rafael Lezama pese a que reprobó el examen de control y confianza.

Vamos, en lugar de separarlo del servicio público, optó por nombrarlo director de Tránsito. Es decir, no lo retiró de la función de autoridad, lo reubicó.

El examen de control y confianza es un filtro diseñado para impedir precisamente que personas sin el perfil adecuado, o con riesgos potenciales, ocupen posiciones estratégicas dentro del aparato de seguridad.

Así que si un funcionario público no pasa dicha prueba, el mensaje simple y llanamente es que no puede ejercer funciones de autoridad, pero en Paraíso, gobernado por el emecista, Alfonso Baca, ocurrió lo contrario.

En los hechos representa un desafío a la lógica del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que establece reglas claras para la permanencia de los mandos. Así se ve.

Porque no se trata de un simple nombramiento en cualquier otra área del ayuntamiento de Paraíso, sino de lo que representa en materia de seguridad y en este caso pareciera que las reglas pueden doblarse cuando hay un interés político para hacerlo.

Máxime cuando en Tabasco la coordinación entre niveles de gobierno ha sido clave para mejorar los índices de seguridad, y donde se trabaja para que la confianza ciudadana en las corporaciones sea sólida.

En tal sentido, la decisión del alcalde de Paraíso no ayuda, al contrario, erosiona.

Cuando una autoridad municipal, como el caso de Alfonso Baca, decide mantener en el círculo de mando a alguien que no superó los filtros de confianza, la pregunta es inevitable, ¿qué tan en serio se está tomando la seguridad municipal?

El mensaje que envía no sólo a sus gobernados, sino a autoridades estatales y federales es delicado. Porque si los exámenes de confianza no son determinantes, entonces ¿qué sí lo es? ¿La cercanía política? ¿La lealtad personal? ¿La conveniencia del momento?

Quizá el alcalde, Alfonso Baca privilegió la estabilidad interna de su administración, consideró que el funcionario cuestionado es indispensable o también subestimó el costo político.

Por lo pronto el munícipe decidió sostener a uno de los suyos, incluso por encima de los filtros del sistema.