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Villahermosa no puede seguir esperando

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Testigo fiel
Por: Jesús Torres
Villahermosa no puede seguir esperando

Villahermosa lleva demasiado tiempo posponiendo obras que demanda una ciudad en crecimiento, la pregunta es si puede seguir haciéndolo cada vez que un proyecto estratégico termina convertido en un conflicto político.

Las inversiones privadas no llegan por casualidad, antes de comprometer recursos, los grupos empresariales evalúan cuidadosamente factores como la estabilidad social, la seguridad, la infraestructura disponible, el entorno económico y las perspectivas de crecimiento. Nadie invierte miles de millones de pesos donde no existen condiciones para hacerlo.

La mejor prueba es el anuncio de una inversión de mil 500 millones de pesos por parte del Grupo DG y Hospitales MAC para construir un hospital de tercer nivel dentro del complejo comercial y habitacional SAMÁR, en Villahermosa.

Ese tipo de decisiones empresariales no se explican únicamente por incentivos económicos sino que también responden a la confianza en el futuro de una ciudad.

Durante su edificación se crearán empleos directos e indirectos, se fortalecerá la cadena de proveedores locales y se dinamizarán sectores como la construcción y los servicios. Posteriormente, su operación requerirá médicos, enfermeras, técnicos, personal administrativo y especialistas, abriendo nuevas oportunidades laborales para los tabasqueños.

No es casualidad que esta inversión coincida con el impulso del proyecto Villahermosa 2030, ambos forman parte de una visión que busca modernizar la capital tabasqueña, diversificar su economía y consolidarla como un polo regional de desarrollo. Tan sólo las obras vinculadas a Villahermosa 2030, el C-5 Escudo Olmeca y el nuevo Centro de Convenciones y Exposiciones contemplan una inversión de 6 mil millones de pesos y la generación de más de 2 mil 500 empleos directos, además del efecto multiplicador que tendrán sobre proveedores, comercios y prestadores de servicios.

En otras palabras, se trata de comenzar a revertir décadas de rezago en infraestructura urbana, movilidad y planeación. Difícilmente una ciudad puede aspirar a atraer inversiones, mejorar su competitividad o elevar la calidad de vida de sus habitantes si renuncia a transformar su entorno.

Es legítimo cuestionar las decisiones del gobierno y defender causas ambientales, pero también lo es exigir que el debate público se sustente en información verificable y no en meras especulaciones para frenar cualquier proyecto de infraestructura antes de conocer sus alcances o de que las obras inicien.

La protesta realizada el sábado no fue contra una obra en marcha, sino contra una intervención que todavía no ha comenzado.

La primera etapa del proyecto Villahermosa 2030, actualmente en ejecución, ni siquiera contempla trabajos en la avenida Paseo Tabasco. Las obras que hoy se realizan corresponden a la construcción de un puente que conectará a Villahermosa con la zona conurbada de Nacajuca, una infraestructura diseñada para mejorar la movilidad y facilitar la conectividad entre ambos municipios.

Pero además, en materia ambiental, el gobierno también impulsa acciones de reforestación mediante programas como Sembrando Vida, que contribuyen a fortalecer los ecosistemas y generar ingresos para miles de familias rurales.

A ello se suma el esfuerzo de reforestación realizado en Tabasco, con la siembra de 2.4 millones de árboles durante la jornada del año pasado y otros 2.4 millones que se hará este año, acciones que demuestran que el desarrollo urbano no tiene por qué estar divorciado del cuidado del medio ambiente.

Villahermosa necesita pues un debate serio, informado y con visión de largo plazo. Las diferencias son legítimas, pero deben construirse sobre hechos y no sobre obras que todavía no forman parte de una etapa en ejecución.