Inicio Testigo Fiel La cuestionada reforma electoral

La cuestionada reforma electoral

20
0

Testigo fiel
Por: Jesús Torres
La cuestionada reforma electoral

La iniciativa de Reforma Electoral presentada el 25 de febrero por el Ejecutivo federal abre uno de los debates más controvertidos del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Bajo la bandera de la “modernización” y la austeridad, el proyecto propone cambios estructurales en la integración del Congreso, el financiamiento de los partidos y las reglas de competencia.

La pregunta de fondo no es cuánto se ahorra, sino qué se gana y qué se pierde en términos de pluralidad y contrapesos.

El punto más polémico que ya generó rechazos del PVEM y PT, aliados de Morena, es la transformación del Congreso.

En San Lázaro por ejemplo se mantendrían 500 curules, pero cambiaría el mecanismo de asignación de 200 espacios de representación proporcional, en tanto que en el Senado desaparecerían las plurinominales, quedando 64 escaños de mayoría relativa y 32 de primera minoría.

Pero además, la iniciativa plantea un recorte de 25% al costo electoral, disminución de sueldos en el Instituto Nacional Electoral (INE) y menos regidurías municipales.

También propone órganos temporales para organizar elecciones y mayores atribuciones de fiscalización, incluso con acceso en tiempo real a información financiera en coordinación con el SAT.

Otro frente delicado es la regulación de la Inteligencia Artificial (IA) y la prohibición de bots bajo la premisa de combatir la desinformación.

Aunque, facultar al INE para ordenar el retiro de contenidos que considere falsos puede derivar en decisiones discrecionales durante campañas lo que ha generado críticas de la oposición por el tufo a censura.

Un punto de preocupación y rechazo es la eventual eliminación del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) que supone desmontar un mecanismo que permitió, durante años, consultar en tiempo casi real las actas de cada casilla.

La desaparición del PREP implicaría la concentración de información electoral en etapas posteriores, reduciendo visibilidad de la jornada comicial y, potencialmente, certeza ciudadana en las primeras horas críticas tras la votación.

En el caso de la ampliación de referéndum, plebiscito y revocación de mandato en municipios, así como la prohibición de nepotismo y la eliminación de la reelección consecutiva a partir de 2030, no suena mal, pero su impacto dependerá de mecanismos participativos que podrían convertirse en figuras de movilización más que de deliberación ciudadana.

El oficialismo ha venido rechazando en diversos foros que la reforma busque instaurar un partido hegemónico como han denunciado los partidos de oposición, pero la combinación de menor representación proporcional, rediseño del Senado y control más estrecho sobre fiscalización ha generado todas las dudas habidas y por haber.

El próximo lunes por lo pronto, que la propuesta sea enviada al Congreso la discusión sin duda se centrará, no en si sobran plurinominales o si el PREP es caro, el debate de fondo será si la nueva ley electoral fortalece la competencia equitativa y la pluralidad o si consolida mayorías dominantes bajo el argumento de eficiencia.